DICEN LOS CRONISTAS, QUE EN DIAS ANTERIORES SE HABIAN SENTIDO FUERTES SACUDIDAS.
SIN DUDA, CUCUTEÑOS Y HABITANTES DE TODA ESA FRANJA ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA, YA ESTABAN MÁS QUE ASUSTADOS.
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CUCUTA ANTES DEL TERREMOTO |
Mayo 16 de 1875
En la villa
todo es tranquilo, salvo por el temblor sentido en las últimas horas, el calor
insoportable y el viento fuerte hacía que los lugareños se resguardaran al
mediodía o la tarde bajo la sombras de cujíes y almendrones.
Por ahí,
algunos vecinos comentan que el ciego insiste diciendo “huele a Lobatera”.
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TERREMOTO DE CÚCUTA |
Mayo 16 de 2019
La muy noble y
leal villa, ahora convertida en desordenada urbe se atosiga de venezolanos,
ya es imposible comprar algo en Justo & Bueno o las tiendas D1.
Circulan por
ahí versiones en las redes que en ciertos sitios solo venden una o dos pacas
de harina PAN.
El calor de
casi 40 grados y los vientos fuertes arropan con fortaleza las tierras cucuteñas.
El remezón
fuerte es el generado con la secuencia de la noticia de Santrich, la renuncia del fiscal y la
presentación de Maluma en el show de Jimmy Fallon (je je).
Mayo 17 de 1875
4 AM, volvió a
temblar, se sintió fuerte. Algunas paredes de tapia y pañete de arena se han resquebrajado.
Esta madrugada
ya nadie pudo conciliar el sueño, tocó estar de pie, expectantes.
La misa de 6
tuvo iglesia llena, se rezaron más rosarios que de costumbre, la fila para
confesiones fue más larga y los que comulgaron acabaron las ostias del copón en
par patadas, no digo, en par de lengüetazos.
Más tarde los
chinos a la escuela, los obreros a las parcelas y los trabajadores y
comerciantes a seguir con su rutina en tiendas y almacenes, donde cacao y café,
era los productos estrella.
Todo
transcurre ya con normalidad, algunos hablan del temblor, las señoras se
persignan.
Mayo 17 de 2019
La mañana
amaneció gris, el clima es un poco suave y el viento apacible.
El movimiento
tectónico lo generan las huestes farianas, aún no sueltan al tal Santrich.
El fiscal ya
está de viaje.
Vladdo y
Matador y todo el grupito engrupidor excretan más ponzoña.
Uribe ya está
en el Tonchalá, más tarde va al Cazadores, eso sí mueve la ciudad y de qué
manera. La victoria inicia el camino, dicen.
Hablan que en
las otras campañas aflora la preocupación y no es para menos.
Los
venezolanos siguen llegando, no les importa hacer cola, ya se acostumbraron.
Aquí los vemos comprando y llevando, remesas y mercado. Algunos, unos pocos, se
dedican al pillaje, a robar.
Vagos facilistas, malandrones.
Mayo 18 de
1875
4 a 9 AM
La mayoría de
los 14368 habitantes dela villa están trasnochados. Imposible dormir.
Los bebés
lloran, las abuelas rezan, las mamás y algunas negritas ayudan
preparar las primeras viandas del día.
Buen caldo,
arepa, carne oreada, café o chocolate. Se desayuna bien, por fortuna los alimentos
abundan.
Los más
menesterosos fritan panches y otros pescados del Pamplonita, con buena yuca y
plátano. Así repletos sus estómagos comienzan el día.
Misa infaltable, los
chinos y chinas otra vez a sus escuelas, los comercios ya están abiertos.
La mañana
transcure normal.
El cielo permanece gris, el bochorno es infernal.
El chisme de
una brujita anunciando un cataclismo toma más fuerza, dicen que hasta fueron a la
curia de Pamplona a preguntar, a indagar sobre la superstición.
El Obispo los
calmó, pero a solas rezó hasta más no poder en el Humilladero.
Tantos
temblores, tanto cambio repentino de clima, ole como diría la tía, es como caldo de
cultivo para alguna vaina rara.
En esas
semanas mucha gente llegaba del otro lado, gente rara, extrovertida o
formal.
De todo un poco.
Cúcuta se
distingue por ser una villa buena para los negocios, punto de encuentro de dos
países, vértice indiscutible para otros proyectos.
El pueblo
promete y tiene casi de todo.
Mayo 18 de
2019
4 a 9 AM
Otro día
caluroso, no hay viento.
Hay mucho
comentario político en los noticieros de radio, cada quien con su candidato,
eso si marcado de acuerdo a la chequera.
La visita de
Uribe traumatizó a más de uno y dejó sonrientes a los demás.
En los
medios nacionales aún se habla de la JEP, que Santrich enfermito, en las notas internacionales más de Maduro y
sus secuaces.
En el face
Iván Gallo también excreta ponzoña, como siempre.
Las bandadas
de loros del parque madrugaron en busca de su frugal desayuno en los mangos de
los patios cercanos.
Los buses de
Corta distancia y Trasan siguen en su agosto llenos hasta el copete de
venezolanos, las trochas están repletas y los automercados también.
Hay fin de
semana negro, buenas ofertas, pero negro también es el tiempo que se vive con más muertos, robos,
atracos.
Mayo 18 de
1875
9 a 10 AM
En la villa una
tensa calma se nota por todos los rincones. El firmamento se ha despejado un
poco, la calle del comercio bulle, algunas carretas, caballos y mulas cargadas
van y vienen por el empedrado camino del sector central.
Las señoras se
aprovisionan de agua en la toma central para el almuerzo.
Los más viejos
con sus vestidos de dril blanco inmaculado, lo lavan con añil, buscan refugio
bajo acacios y almendrones, ahí se reúnen en pequeños grupos para echar a rodar
la imaginación.
Algunos chicos descalzos se acercan y tratan de oír o mejor
entender esas viejas historias.
La mañana
avanza, no hay viento, la temperatura sube.
En la plaza
hay gritos, que la panela, que los limones, que los pescados.
Es un
bochinche mañanero consuetudinario, es normal, de pronto un madrazo irrumpe la
maraña de buenos días, pero nada más.
Algunas damas
con sus sirvientas se apuran a buscar los alimentos, ya viene la hora del almuerzo
y hay que comprar carne, de pronto una gallina gorda, papa recién llegada
por el camino de Pamplona, frijol, tomates, yuca, plátano, pero también arroz y
las pastas donde el italiano.
Algo de pan y
queso también llevan en sus canastas repletas.
Todo lo
compran al día, desde luego no hay refrigeración y mucho menos empaques
tetrapack.
En las escuelas
los chicos y niñas salen a recreo, algunos toman el chocolate con arepa y queso, otro
se atosiga de bananos y los demás se arremolinan en la pila del agua, tienen
que calmar la sed.
Pero todos
comen, no hay signos de desnutrición, lo cual indica que aún no hay PAE por esos
lados.
Esa mañana no
se han escuchado los gallos, los turpiales y cucaracheros tampoco han cantado y
los burritos también andan en silencio, caray no han rebuznado.
Cosa rara, le
comenta don Julio, director de la escuela de niños, a la señora que le lleva su media
mañana.
Él sabe, hay
preocupación, los temblores de los últimos días los han puesto en alerta y en
lo profundo de su ser algo punza, algo indescriptible, por momentos no lo deja
concentrar en sus clases.
Es el bochorno
piensa y apura un trago de limonada.
Mayo 18 de
2019
9 a 10 AM
La ciudad se
va llenando de gente, millares arrastran maletas y carritos de mercado, los
inquilinos de los semáforos madrugaron un poco más, ya están con sus acrobacias
y bailes y su mano estirada esperando las monedas.
El calor va en
aumento, las noticias dicen que Santrich está en la clínica, citico, hay que
darle caldito de pollo.
En los cafés
del centro hay tema para contar, hay mucha tela para cortar, que la encuesta
apócrifa de YanHaas, que hay preocupación en las campañas, que en Noruega
negocian los venezolanos, que hay más muertos en las trochas, que la visita de
Uribe fue exitosa y sus guiños absolutos, que hay cuatro empresas cucuteñas
entre las más grandes del país.
En fin, no
todo puede ser malo.
También se han disparado las ventas de aires y ventiladores y se
espera que aquel no vaya a la JEP para que lo prenda, eso asusta a unos
cuantos.
La ciudad
despierta.
Las ventas de
pastelitos de cualquier relleno o de garbanzo están llenas, oiga ya es
costumbre gastronómica de cada sábado en la mañana.
Limonada fría
y avena cubana, eso dicen, acompañan los opíparos desayunos callejeros.
Otros
prefieren el salpicón y hasta el juguito de naranja con huevo, brandy, kola
granulada y algún complemento de Omni Life.
Cenabastos no
da abasto, los Justo, las D1, los Éxito, Ebenezer, Olímpicas, Metro, Ara,
Montes y demás están repletos.
Las droguerías
también.
Venezolanos por
doquier llevando que comer y remedios para sus males.
Las oficinas
de giros internacionales plenas, hasta las banderas, inmensas colas para cobrar los dolaritos que
venezolanos mandan a otros venezolanos por esta vía y por aquí, imposible
hacerlo por allá, allá les quitan, los esquilman, allá los roban de verdad y
los soberanos no alcanzan para un soberano trasero.
Mejor aquí,
rinden que da gusto.
Por eso no importa el impuesto en las trochas, las filas
de horas bajo el calcinante sol, la incomodidad de la acera. Deberían esas
compañías tratarlos mejor, total están ganando al por mayor.
Dicen las
cifras que son miles de millones de dólares que por acá circulan cada año, esas
remesas van en aumento, cada vez hay más venezolanos fuera de su patria.
Eso mueve también
el comercio local y la delincuencia y la corrupción, es todo este abono insensato para lo bueno, lo menos bueno o lo peor.
Es sábado, que
mamera hacer almuerzo, mejor vamos a la plazoleta de Unicentro, por lo menos
hay variedad y aire acondicionado y de pronto luego nos metemos a cine.
Es parte del
programa, ya hay otro chip en las cabezotas cucuteñas.
Otros ya
estarán vía a Chinácota y Pamplona, allá el clima es más benigno, algunos más
osarán por El Zulia y sus ríos, La Honda, Durania o Bochalema, alguien más
alocado se irá hasta Mejué.
El reloj sigue
su marcha presurosa.
Siguen
llegando venezolanos a comprar mercado, La Parada es un hervidero, de todo.
El sol castiga
ahora si de frente la región.
Mayo 18 de
1875
10 a 12 AM
Se termina el
recreo. Todos de nuevo al salón. El calor golpea con más insistencia.
Un galembo
vuela y luego se posa en el árbol espinoso, que extraño, esas filosas puntas no
le hacen daño.
Hay un olor
extraño en el aire y no es caño picho, aún no hay aguas negras en el canal
Bogotá.
Tampoco hay
tanta contratación por los lados del parque Santander o más arribita por la
avenida quinta, eso tardará más o menos un siglo, a lo sumo.
La mañana se
trepa en el día, el profesor Julio saca el reloj de leontina y mira la hora,
comienza escribir la tarea para mañana, los pelaos toman nota en sus pizarras,
son las once, salen tranquilos, disciplinadamente, no hay recocha.
Van todos a
sus casas, el almuerzo los espera.
Algunos
negocios van cerrando, la hora de compartir alimentos en familia es sagrada,
también es tiempo de tertulia en los amplios y frescos corredores de sus casas.
Los aromas de
las sopas y los guisos inundan el ambiente.
Hay más de un bostezo.
El mendigo
se sienta en la gradita del protón, allí espera todos los días, al rato algunas
buenas sobras le traerán.
Las mamás y las
abuelas y las tías llaman a la mesa, todos juiciosos se sientan, es una rutina
en cada casa. Oran y dan gracias al Creador por los alimentos, suenan platos y
algunos cubiertos, frases de se come todo, no deje nada que es malo, yo no
quiero de eso, sírvanme un poco más, avivan los instantes de la comida del mediodía.
Hay algunas
palabras directas , los papás regañan severamente, dicen; coma y calle.
De pronto todo
se comienza a mover, los chinos salen despavoridos, las mujeres gritan y no
saben qué hacer, una coge una jarra de agua y se la echa sobre el camisón, en
la cocina las sirvientas gritan San Emigdio, san Emigdio…
Caen platos,
caen ollas, caen paredes, caen escaparates, caen techos, se desploman árboles,
hay gritos, hay llanto, hay polvo por doquier.
Todo se sigue
moviendo.
No es uno, son
varios temblores, el más fuerte ya tumbó casi todo.
Luego
silencio, hay gente en las calles con mirada perdida, hay lamentos de otros
humanos agonizando.
No suenan ambulancias,
obvio no hay, tampoco gestión del riesgo, ni cruz roja, ni policía, ni defensa
civil.
Todo es un
caos.
El reloj de la
torre está en el piso, en medio de los escombros, marca las 11.15.
Todo acabó.
Eso es lo
queda de Cúcuta, la villa, la muy noble y valerosa, ahora toda está en el
suelo.
Una llovizna atrapa
la nube de polvillo, despeja todo, es catástrofe, unos corren, otros caminan,
van sin rumbo fijo.
Esa es más o
menos la historia, así ocurrieron los hechos aquel 18 de mayo de 1875, aún hoy
no se han podido poner de acuerdo en cuantos a los muertos, dicen que 5000,
otros que la mitad, algunos señalan que no llegaron a mil.
Poco quedó en pie,
pero si las ganas, la esperanza por renacer y lo hicieron los que sobrevivieron.
Los pillos de temporada como PIRINGO, un maracucho ladrón, bandolero que llegó a
buscar fortuna en la desgracia, lo pescaron robando, lo sentenciaron y adiós pues, pa’ la paila gocha.
Otros temblores
réplica sucedieron. Los expertos manifiestan que la intensidad del más fuerte
fue casi de 8 grados.
La ciudad
quedó destruida, las familias abatidas, pero la esperanza de seguir fue más
fuerte que la desgracia.
Mayo 18 de
2019
10 a 12 AM
Hay soledad en
los barrios.
Los que no
hacen mercado o no han salido de la ciudad están en sus casas o apartamentos,
internet o Neflix ocupan su tiempo.
Por ahí algún
avezado amante llegó muy temprano al motel de la autopista, su amor prohibido
llegó la noche anterior, tal cual lo había prometido.
El parque Santander
repleto de venezolanos y palomas, al frente todo cerrado, más arriba también,
la campaña sigue en los barrios y también en los poblados, no se puede desaprovechar
ningún fin de semana, así sea de Black Friday.
Los famosos líderes
están superpilas, la cosa política de este año, para nada será fácil.
Han aprendido
la lección, muchos recibirán de todos, hasta los tamales, pero votarán por el
que les dé la gana.
Acuérdense de
eso, en octubre lo van a ver y sentir.
Los temblores
de temporada y en grado muy alto son las hordas de delincuentes que se han
apoderado de muchos nichos en la región, la corrupción que sigue rampante, la falta de gestión, los negocios non sanctos que permean todos los niveles de la sociedad.
Son temblores que gran magnitud, pero hay mucha gente que se hace la de la vista gorda, se atreven a a firmar que eso es lo que mueve la ciudad y la región, a pesar de las deprimentes estadístiucas d epobreza, desempleo, falta de dersarrollo del Dane.
Pero los más locuaces le echan la culpa a las calamidades
vienen de allá, por eso afirman también que ahora como hace casi medio siglo huele a Lobatera, pero por las enfermedades, de todo orden,
que traspasan la frontera.
Ojalá en
Noruega pronto lleguen a un acuerdo, que todo comience a tomar sendero de
normalidad, que por acá también hasta la JEP busque un cauce honesto y no se
embriague más de poder.
Ya son 144
años del terremoto y aunque la villa cucuteña se levantó como ave fénix de sus
cenizas, pareciera por momentos que la desgracia y sus nubes negras para nada
se han ido de su cielo.
Y, PIRINGO
vaya suerte, se ha multiplicado por decenas y lo peor con saco y corbata por todos lados.
Sin embargo, ayer como
hoy, por fortuna digo, la esperanza
está más anclada con fortaleza, para levantar estas tierras de cada desgracia,
ese es el reto, esa es la tarea de estas y las nuevas generaciones.
Tenemos con qué
y podemos hacerlo.
Que los nuevos movimientos “tectónicos” sean de progreso, trabajo, bienestar, avance, riqueza,
compromiso y felicidad.